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arrancarse todo,
quedar por fin desnuda
en su cama mal hecha
con su cuerpo de las 6 de la mañana a secas.
iba a estallar en partes,
iba a desprenderse las penas,
el dolor de piel.
de su vestido floreado
se desprendía una baranda
a naúsea triste,
a viento perverso,
certificado de tristeza
y encima enojada, con los nervios a punto,
¿qué decís ahora de la chica de ipanema
que viene y que pasa hecha pedazos?
ella quería sacarse todo,
romper todo, como quien pone fin
a una noche que se estira hasta la muerte,
en cámara lenta,
entonces levantó su pollera, caminó en círculos
tambaleándose, odiándose,
miró suplicante la alcantarilla
tapada de botellas, ratas,
pidió auxilio para salir de su cuerpo,
maldito cuerpo de las seis de la mañana,
basta, basta, basta,
qué más
parece que en el final,
se agarró la cabeza,
entró con los dedos por el pelo,
subió desde el cuello
hasta la nuca,
quiso explicar algo del accidente interno,
pero no le salió, sus palabras
parecían autitos chocadores
y la función no termina,
¿qué tan linda se ve ahora?
sentada en el cordón de la vereda, insisto,
alto melodrama vulgar,
llorando, pobrecita ella, toda vomitada
sin tener dónde ir,
si perdió llaves y dignidad
en cuestión de segundos,
quién iba a decirlo,
qué más
ahora sí está en la punta del tenedor,
ahora sí es un bocado de cadáver exquisito,
con la resistencia en pausa,
con el encaje mojado,
con el cuerpo echadísimo a perder,
siempre más bestia que bella,
siempre más parecida a la mala
de la película,
la reventada o la traumada
y lloró, siguió llorando nomás,
sentada en el cordón de la vereda,
se volcó,
se quebró,
qué se le va a hacer,
se hizo calabaza a las 12 cuando se murió;
cuando se murió pero esta vez en serio,
fue justo después de un beso.
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verano 2009
